una< ceguera incurable
ANÁLISIS LITERARIO ¿UN CEGUERA INCURABLE?
Hace varios años que a través de diversos artículos he sostenido la idea que los países no necesitan una constitución para funcionar adecuadamente y aunque sigo sosteniendo la idea quiero introducir un matiz que creo muy importante: el país no necesita estar cambiando constantemente su constitución para lograr un desarrollo adecuado basta introducir en ella las reformas necesarias en que en un determinado momento la mayoría de la población concuerde y la constitución del 80 puede muy bien servir para eso y si a alguno le molesta basta cambiarle la fecha al referirse a ella: constitucionalizan del 90, del 2000, 2010 etc.
Nadie seriamente puede afirmar hoy día que actualmente esta constitución exista, si Augusto Pinochet reviviera por un momento y se le diera a leer este documento actualizado y algunas leyes actuales que de él se derivaron, le daría un ataque cardiaco después de haber intentado remediar la catástrofe producida y declarar estado de emergencia.
Seriamente la constitución del “80” actualizada representa la evolución política un sector muy amplio del espectro político a los que las circunstancias hicieron madurar juntos, por eso, la propuesta de la constituyente que aceleraba un proceso que discurría por caminos “normales” y que implicaba el desconocimiento de mas de veinte años de esfuerzo legislativo conjunto fue rechazada. Por parecidas razones, pero que implicaba un retroceso la segunda propuesta también lo fue.
Escuché una de las últimas entrevistas que se le hicieron al entonces presidente Boric en que se le preguntaron cuáles habían sido los tres mayores éxito y los tres grandes fracasos de su gobierno y entre los últimos mencionó el rechazo de la primera propuesta constitucional la que, aunque con otras palabras, califico de ceguera frente a las “reales” aspiraciones de los chilenos, admitiendo implícitamente que fue un gran error político.
Tan grande fue este error que como el rechazo se produjo cuando ya era presidente, lo dejó sin programa de gobierno y a su coalición completamente desorientada e incapaz de rehacerse durante todos los años que duró su mandato. Esta es la situación de la “centro izquierda”: haberse transformado en un conglomerado de partidos políticos sin una propuesta política coherente a la que hay que agregar la desaparición de partidos políticos de larga data.
Si la historia ha de juzgar con justicia al presidente Boric, tendrá que hacerlo no en relación al cumplimiento de su programa (porque no pudo existir) sino a la permanencia en el tiempo de algunas de sus propuestas.
Pero el error de “la centro derecha” no fue menor: ellos también cargan con una propuesta constitucional rechazada, con la desaparición de conglomerados políticos y con la imposibilidad de estructurar una política de su sector aceptable frente a la opinión pública y desde una opinión muy personal que tiene que ser ratificada por los hechos el gobierno de ultraderecha actual también enfrenta su mandato sin un programa lo suficientemente acotado como para no ir más allá de reunir los pedazos de un Chile destrozado o de realizar un gobierno de emergencia que se ocupe de darle una respiración artificial a un país que no la necesita.
2026-2030 tiene que ser un período de reconfiguración del espectro político en que sean capaces de establecer cuáles son las diferencia esenciales entre ellos y buscar un camino de diálogo y entendimiento para el bien de Chile que no puede excluir a ningún sector.
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