Los inimputables
ANÁLISIS LITERARIO: LOS INIMPUTABLES
ANAÍS, VICENTE, MIS QUERIDOS NIETOS:
Este verano del 2026, la llegada de mi hermana desde Argentina posibilito que los cuatro hermanos pudiéramos reuninirnos en nuestra casa: sentados los cuatro alrededor de la piscina los contemplé por un momento y una honda satisfacción me invadió. Nosotros nos podemos clasificar en tres conjuntos: Mis dos hermanos mayores que pasaron el mayor tiempo de su infancia estudiando en Temuco, Yo que pasé mi infancia en Allipén estudiando allí y que por problemas de salud me conectaba de manera diferente con el mundo y mi hermano menor cuatro años menor que yo que vivió sólo en el campo la mayor parte de su infancia: Literalmente se cayó por la cola del caballo en que nos montábamos los cuatro cuando éramos niños. Cuatro hermanos con experiencias diferentes, con visiones de la vida y caracteres diferentes y que tuvieron que sortear las décadas del 70, 80 y 90 de manera diferente sentados juntos: un verdadero milagro.
Días atrás estaba conversando con mi hermana y me contaba que para poder relacionarse con otras personas muy especiales no tuvo otra alternativa que declararlas indisputables. La palabra me llamó la atención y me quedó dando vuelta en la cabeza porque ella la usaba como instrumento de relaciones humanas en las actividades que debía realizar conjuntamente con otros y otras, aprovechando lo que los demás pueden aportar. Sentados los cuatro uno al lado del otro pensé por un momento en qué ocasiones mis hermanos me habrán declarado indisputable o en cuáles yo lo había hecho y por supuesto el hecho que esto ocurriera debió darse muchas veces ya que personas tan diferentes como nosotros estábamos juntos.
Al empezar a bordear los 80 años de edad he decidido que en el tiempo que me queda de vida dedicarme a adquirir la intuición necesaria para comprender que cada persona que me rodea, por diferentes circunstancias, existen momentos que debo otorgarle el derecho de la ininputabilidad para darme y darle a otro la oportunidad de reflexionar y crecer.
Ese derecho, por imperativo moral debo concedérselo a mi esposa, mis hijos y mis nietos porque sólo así estaré contribuyendo a la unidad y felicidad familiar, también debo concedérselo a todos aquellos con los que tenga que convivir más o menos permanentemente y también a aquellos con los que ocasionalmente me encuentre.
Anaís y Vicente los invito a ustedes a practicar la ininputabilidad con el mismo sentido que yo me lo propongo, pero recalcando que para ustedes debe ser más importantes, porque como son más jóvenes su familia y sus relaciones son más extensas y por lo mismo más importantes.
Y a aquellos que forman mi familia extendida les hago la misma invitación: usen la inimputabilidad de manera amplia porque puede ser una manera hermosa de aprender a amar siendo generosos unos con otros.
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