Claudia 8

 Claudia:


Espero que hayas pasado una hermosa noche buena y una confortable Navidad a pesar de tu situación actual.


Pero como esa no es la intención primordial sino la de entretenerla de la peor manera, vamos al grano.


Anteriormente hablamos de verosimilitud en dos sentidos: como lo creíble y lo coherente. Hemos considerado que lo que es verdad es lo que dice el narrador o el hablante poético. Y también puede considerarse como verdaderas algunas acciones de los personajes cuando la intención que dicen tener concuerda con los resultados.


Para lo que vamos a decir a continuación tomaremos como ejemplo las narraciones. Hasta este momento hemos distinguido en ella narrador ficticio y mundo narrado. Al parecer nos falta otro elemento que es el autor y este importancia cuando situamos cualquier obra dentro de la tradición literaria: por ejemplo situar a Bretón dentro del superrealismo y otros casos a los que no me referiré para no apartarme del tema.


Pero para leer una obra en sí, que es mi intención, no se necesita; un ejemplo lo tenemos en el hombre de la mancha que es de un autor inglés y no español y que está escrita con una mentalidad inglesa y no española como se puede mostrar con un análisis lingüístico y todas las referencias al Quijote español sólo han dificultado su lectura en vez de esclarecerla.


Para analizar una obra se ha propuesto la existencia de un lector ficticio que partió definiéndose como un conjunto de características que debe reunir el lector real según el autor para leer adecuadamente la obra y que está inserto dentro de la obra. Pensemos en los miserables, el autor Víctor Hugo dirige su obra a aquellos lectores que valoren la educación como instrumento para insertarse adecuadamente en una sociedad francesa que tenía el mayor porcentaje de personas sin instrucción formal, hecho que para él fue agravado por la revolución francesa. 


Nosotros no estamos de acuerdo que este lector ficticio esté inscrito implícitamente en la obra y por lo tanto sea un concepto útil para la comprensión de ella, sin embargo, en las novelas policiales y algunas de misterio aparece la figura del detective, que estando incluido dentro de la novela es ficticio y que para descubrir el misterio debe leer adecuadamente la realidad, o sea transformarse en un lector ficticio, e incluso para ello debe escuchar las narraciones de otros personajes, narradores ficticios distinto al narrador del que hemos hablado anteriormente.


Para lo único que a mí me sirve el concepto original de lector ficticio es para determinar si puedo llegar a ser lector real de una obra. Tomemos por ejemplo el Ulises de Joyce, tomo el libro, leo las primeras páginas y lo abandono: no tengo ni pienso tener las características para leer un libro tal.


Hoy fui a Chillán, cuando volvía, detrás de mí un hombre le contaba a una mujer sus peripecias económicas y al parecer ella no se encontraba a gusto con el tema y trataba de cambiar la conversación que duró hasta que el hombre se bajó del bus y que tenía totalmente aburridos al pasajero. Aquí tenemos a un narrador real que se dirigía a una lectora real, pero que al parecer no se contentaba sólo con ella. Algunos teóricos de la comunicación dirían que allí había un narrador real, una lectora  real y un conjunto indeterminado detrás lectores ficticios. Nosotros preferimos quedarnos con sólo los lectores reales y dejar de lado los ficticios.


CONTINUARA EN DOS O TRES DÍAS MÁS 

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