Caridad o humanidad
RECUERDOS DE SONIA LAGOS MORA
Hoy murió mi amiga y hermana de iglesia, Sonia Lagos Mora después de una larga enfermedad. Un año menor que yo, la recuerdo porque era una persona singular, lo que no se puede decir de todas las que lo rodean a uno.
En mi mente ella aparece como guerrera de lo imposible: sacó adelante a su familia, soportó más decepciones y dolores que el común de las mujeres y se recuperó y salió adelante; tenía una idea de lo que era justo y no transaba de ninguna manera para ponerse de parte de la justicia. Preocupada por su familia luchó siempre por su unidad.
Parece que la actividad misionera formaba parte de su ADN y en el hospital donde pasó sus últimos días sólo la enfermedad la obligó a callar, fue como si Dios le dijera Sonia, ahora tienes que concentrarte en ti.
Un día me dijo, profesor quiero que me acompañe a hacer obra misionera a un hogar de ancianos y les hable de Jesús. Preparé un sermón y al llegar ahí, me encontré con un grupo tan heterogéneo que un escalofrío recorrió mi columna vertebral: el dolor y el abandono eran palpables y mientras hablaba pensaba ¿me estarán escuchando? ¿Servirá para algo lo que estoy diciendo? ¿Quedará algo de humano en ellos?. Terminé de hablar y decidí no vuelvo más. Pero no contaba con su insistencia y volví una y otra vez y tuve respuesta para cada una de mis interrogantes: me escuchaban, servía lo que estaba haciendo, los cambios y las transformaciones se producían no dependían de las condiciones que yo apreciaba. Su humanidad básica no se había perdido.
Un día mi madre fue al baño y allí le dio un derrame cerebral, nunca volvió a ser la misma, la internamos en el hospital y allí mientras día tras día tomaba su mano entre las mías me hacía las mismas preguntas y mi hija y lo que me había enseñado la guerrera de lo imposible me sostuvieron.
Quisiera que las hijas, sus esposos y sus nietos no perdieran de vista esto: La señora Sonia Lagos Mora derramó bondad en el mundo donde a otros no se le ocurrió hacerlo, donde otros sólo fueron capaces de dar caridad ella dio humanidad.
Queridos nietos, no sé si algún día ustedes leerán esto, pero yo deseo para ustedes que vayan más allá de ayudar a otros, que derramen humanidad.
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